“Está fuera de lugar que un periodista, o un fotógrafo, cuente sus penurias”

 

Entre los alumnos de la primera promoción de Fotografía en la Universidad Politécnica de Barcelona estaba Ricardo García Vilanova (Barcelona, 1971). Antes de obtener el título, pasó por la Ecole Louis Lumière parisina, y ya después comenzó a hacer fotografías. Dejaba atrás la otra posibilidad que le ilusionaba –ser piloto de avión– y apostaba por el trabajo que le permitiría “captar ese instante que te llega un poco al alma”. Sus primeros destinos estuvieron relacionados con labores humanitarias, y de ahí, pasó a zonas de guerra. Las imágenes que allí ha obtenido, juegos de luz y de dolor, le han valido destacados premios, dentro y fuera de España. Recoge el Premio de Periodismo Miguel Gil Moreno casi recién liberado de un secuestro de seis meses en Siria, donde pudo haberse dejado la vida. Afortunadamente, la ha traído de vuelta.

 

Es mucho lo que pone en juego para conseguir sus fotografías. ¿Compensa el resultado?

No es que me compense… Los que estamos allí tenemos la capacidad, la suerte, o el privilegio de poder decidir si entramos o no. El verdadero peligro lo corren quienes están allí atrapados, inmersos en ese conflicto.

A veces también los periodistas se quedan atrapados, y no pueden decidir… En esos casos, ¿a qué se agarra para seguir dedicándose a esto?

Si un periodista ve que tiene un problema, porque no aguanta la presión, o en un momento cree que no sirve absolutamente para nada, es mejor que se dedique a otra profesión. Pero mientras tanto, no creo que sea bueno quejarse, porque a nadie le obligan, es una decisión propia.

¿Tiene la sensación de que con su trabajo ayuda a mejorar las cosas?

Cada vez menos. Creo más en la acción directa de las personas que trabajan sobre el terreno como médicos, o voluntarios, que están allí por el simple hecho de ayudar. Nuestro trabajo, a mi entender, puede funcionar, pero a base de mucho, mucho, tiempo. Y tampoco es un resultado palpable, o visible.

Quizá la gente a la que se refiere no estaría allí ayudando si no hubiera un clima de opinión, al que contribuyen los medios…

Bueno, en ese caso, yo creo más en el trabajo que sirva para dar visibilidad a ese tipo de organizaciones o personas. Para mí, ese sería el binomio ideal. Pero los medios están muy condicionados, por intereses económicos, políticos, y por sus lectores, que, en muchas ocasiones, no les gusta ver cierto tipo de artículos o imágenes. La gran mayoría de medios, incluso los anglosajones, se están convirtiendo cada vez más en revistas y magazines de tipo más ligero, de corazón.

Ha trabajado para muchos medios distintos y en distintos contextos, en Europa, en Estados Unidos… ¿Siente que el trabajo está bien valorado?

No, como freelance no. Cada vez es más difícil llegar a trabajar con los medios. Cada vez hay menos opciones, menos recursos. La figura del freelance no va a desaparecer, al contrario, pero llegará un momento en que sea tan brutal la competencia, y tan bajos los precios, que sea inviable sobrevivir.

A la hora de enviar su trabajo a un medio, ¿qué le pide al editor?

Nunca he tenido ninguna injerencia. Simplemente miro, selecciono… Evidentemente, el porqué de cada imagen es subjetivo, determinas lo que quieres que salga y lo que no. Pero no influyo externamente.

¿Alguna vez le han hecho alguna “pifia”, que haya mandado algo, y lo publiquen de manera que le haya disgustado?

No. Es que no soy escritor, de manera que tampoco hay mucho margen. Lo que mando es lo que se publica.

Pero a veces se recortan las imágenes.

Eso sí. Cuando las reencuadran sí que me molesta, porque trabajo siempre a imagen completa, nunca reencuadro la imagen. Me molesta que lo hagan, porque no es la visión que yo tenía, pero tampoco es importante. La información sigue existiendo, y lo importante es la información, no el hecho de que la fotografía salga como tú hayas decidido.

¿Le parece que se está haciendo una buena cobertura de lo que está pasando en Siria?

No, ahora no. Hay un apagón informativo brutal. No hay cobertura, y cada vez hay menos, y eso es culpa, evidentemente, de la situación, del contexto, y también de los medios.

¿Cómo se explica ese apagón?

Ha habido una serie de “no intervenciones” de diversos países, y eso ha contribuido al clima actual. Ahora ya no hay una Siria con dos bandos. Ahora hay muchas Sirias, con grupos grandes, otros más pequeños, bandas de ladrones… Mil cosas que han deteriorado la seguridad hasta el punto de que es casi imposible trabajar allí. Es difícil pero aún se puede, aunque el factor suerte tendrá un gran peso en el éxito o fracaso.

Llama la atención la cantidad de niños que están muriendo en esta guerra. ¿A qué se debe?

Los niños son objetivo. El régimen, en su momento bombardeó, y sigue bombardeando, escuelas y hospitales. He estado en hospitales cuando estaban bombardeando, en repetidas ocasiones. Y en escuelas. Algunas están totalmente destruidas. Si recuerdo bien las estadísticas, en la ciudad provincia de Alepo desde junio hasta abril de este año tiraron mil doscientos y pico barriles, murieron 2.285 personas, y 635 eran niños. 298 eran mujeres.

¿Cómo hace cuando vuelve de Siria o de una zona de conflicto para adaptarse al día a día aquí?

No es importante. También es verdad que es una profesión muy endogámica, y te acabas relacionando con gente de tu entorno con la que, a lo mejor, puedes hablar en un idioma parecido en esos niveles. Pero está fuera de lugar que un periodista, o un fotógrafo, cuente sus penurias.

Quizá no es importante, pero es interesante. A los que estamos al otro lado nos provoca curiosidad…

Puede que provoque curiosidad, pero entonces se le quita importancia a la historia, que es la de la gente que queda atrapada en el conflicto, no tú. Porque tú tienes el privilegio de poder salir de ese sitio… casi siempre (sonríe).

¿Hay algo bueno allí?

En los conflictos sale lo mejor y lo peor del ser humano. La bondad que desarrollan algunos seres humanos… sería bonito que llegara aquí. No digo que los problemas de aquí no sean importantes, pero cuando ves lo que está pasando en otros sitios, se relativiza bastante.

¿Qué rasgos de bondad ha visto?

En las situaciones límite aparece gente que se sacrifica por otra gente, unos que lo dan todo por otros sin pedir nada a cambio.

¿Alguna historia que recuerde especialmente?

Cualquier persona que esté trabajando allí, en el terreno, autóctono, u occidental, ya está dando mucho de sí. Estar haciendo eso ya significa que te estás jugando la vida simplemente por ayudar.

¿Cómo se acerca al “otro” cuando es tan distinto? O a lo mejor no es tan distinto.

Evidentemente, tienes que tener el máximo respeto posible, porque las culturas son diferentes. Al final, este oficio también tiene una parte de psicólogo, o de comercial, o como se quiera llamar. Sin ese acercamiento no se consigue la proximidad, que en un momento determinado te sirve para contar mejor las historias.

¿Qué recursos utiliza para lograr ese acercamiento?

Tengo la suerte, o la desgracia, no sé, de que no me cuesta demasiado acercarme a las personas. Creo que para dedicarte a este oficio tienes que ser bastante extrovertido. Y tener empatía, mucha empatía. Con eso ya tienes mucho ganado.

Con la dificultad añadida de que el fotógrafo, además, se acerca con una cámara.

Al final, tienes que conseguir que se olviden de la cámara. Eso requiere tiempo. Cuando te ganas la confianza de la gente ya hay un vínculo, y con ese vínculo ya puedes mostrar esas historias. Te van a enseñar más de lo que verías si solamente fueras como un turista que aparece, saca su foto, y se va. En Siria, cuando abrieron las fronteras, en septiembre de 2012, entró muchísima gente buscándose la vida, cosa que entiendo perfectamente. Pero algunos no tenían esa forma de trabajar. Aparecían en grupo, se metían en un hospital y disparaban cinco minutos de fotos sin mediar palabra. La sensación que dejaban a la gente es que aquello era un circo, y explica la desafección de este país hacia la prensa.

De alguna manera ¿le parece que para hacer un buen trabajo con gente hay que querer un poco a esa gente?

Por supuesto. No es solo que los tengas que querer, los tienes que querer, y sobre todo, respetar. Si no, no es posible esa relación. Antes que periodistas somos personas.

¿Ha dejado amigos allí?

Sí.

¿Locales o gente de fuera?

Locales. Con el tiempo he hecho una red de amigos que, como freelance, es lo que me ha permitido, además, permanecer allí tanto tiempo. He estado más de trece meses, en diferentes viajes, en estos últimos tres años. Si hubiera tenido que pagar un fixer, no hubiera podido. En un conflicto como este pueden pedir cantidades que oscilan entre 100 o 200 dólares al día. En algún momento se llegó a los 1.000. Eso para un freelance es inviable.

¿Cómo mantiene el contacto con esos amigos? ¿Puede comunicarse con ellos?

Sí, por Skype hablo de vez en cuando. Algunos han muerto.

A su vuelta ha habido reacciones de solidaridad muy llamativas…

Sí, es curioso. Yo también me he quedado abrumado y sorprendido.

¿No lo esperaba?

Para nada. Me he quedado abrumado de la reacción de tantas personas. Es absolutamente alucinante que gente que no te conoce de nada, en ese momento, decida echarte una mano.

A lo mejor es la respuesta a su trabajo, ¿no?

No sé, no tengo ni idea. Es la primera vez que experimento algo así. No sé qué decir, no tengo una respuesta para eso…

Volvió sin equipo, con cierta deuda por el tiempo que había pasado sin trabajar… ¿Qué tenía pensado hacer? ¿Empezar de cero?

Sí. Igual que hice hace muchos años. Trabajar de otras cosas, conseguir un dinero, invertir ese dinero en equipo, y volver a empezar, sí.

¿Con trabajar en otras cosas se refiere a cosas no relacionadas con la comunicación?

Sí, sí. Por ejemplo, hace muchos años hacía fotos de publicidad, de bodas, de actos sociales… Eso me permitía tener como una bolsa, y esa bolsa es lo que luego invertía para trabajar en este tipo de conflictos. Al principio inviertes mucho dinero y tampoco tienes un equilibrio entre los gastos y lo que generas.

Por no hablar del equilibrio entre estar cubriendo una guerra y pasar a hacer fotos de bodas…

Sí, por descontado que sí. Pero si no tienes otra opción de hacer dinero, es mejor que te dediques a hacer eso que a otro tipo de trabajo. Cada uno sirve para lo que sirve, y yo, para estar en un trabajo estable, y tal, pues tampoco lo haría. A mí me encanta ser freelance, por la libertad de horarios, de acción, de decidir cuándo, cómo y dónde vas a los sitios. Eso es fantástico, y eso no te lo da ningún tipo de trabajo más que este.

Eso también permite hacer coberturas completas, y permanecer en un conflicto desde el principio hasta el final. ¿Qué ventajas tiene eso?

Que hay conocimientos que solo se consiguen a lo largo del tiempo, y que permiten imágenes, o noticias, mucho más ricas y cercanas. En un día o dos no te enteras de nada.

¿Y las desventajas?

No le veo ninguna. Quizá, para los freelance, es que no tienes nunca esa estabilidad económica que te garantice que llegarás a fin de mes, pero bueno.

¿Qué planes tiene ahora?

Volver a trabajar ya.

¿Ya ha pensado dónde?

Sí, tengo algunas cosas pensadas, estoy ahí, valorándolo, porque todos los sitios son muy caros ahora y no quiero perder demasiado dinero en los viajes. Al menos, llegar al equilibrio de gastos.

¿Le ve salida a lo de Siria?

No. Quizá la única salida es que hicieran como un protectorado, y en ese protectorado hubiera una zona de no-fly zone, evidentemente sin armas, y que la población civil pudiera refugiarse ahí. Y en el resto, sálvese quien pueda, porque hay demasiados actores en este momento, y demasiada inestabilidad como para que pueda surgir o nacer nada de eso.

¿Qué le supone ganar el Premio Miguel Gil?

Es una satisfacción, porque el hecho de que lleve el nombre de alguien tan querido por tantas personas que yo conozco, para mí es muy significativo. Eso es lo que diferencia realmente a un premio de otro. Me hace verdadera ilusión recibir este Premio porque Miguel es una persona muy querida, respetada y recordada por la profesión. En estos últimos años he ido conociendo amigos y colegas que compartieron instantes o tiempo con él, y su recuerdo es siempre elogioso; y eso, de forma unánime en esta profesión, es una quimera. Miguel es un referente para todos nosotros por su humanidad y honestidad.

 

Sonsoles Gutiérrez